"Pido perdón a los niños por haber dedicado este blog a personas mayores. (...) quiero dedicar este blog a los niños y niñas que estas personas han sido. Todas las personas mayores fueron primero niños (pero pocas lo recuerdan). Corrijo entonces mi dedicatoria."

Adaptación de la dedicatoria del libro "El Principito", de Antoine Saint-Exupéry




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lunes, 10 de enero de 2011

Volver a empezar (después de navidad)

La escuela es uno de esos lugares que inspiran paz a l@s adult@s. No porque les evoque buenos recuerdos, que a veces también, sino porque ver un colegio lleno de niños y niñas implica decenas de madres y padres que pueden respirar felices, sin gritos, sin pataletas, sin estreses, sin mocos, sin juguetes tirados por todas partes.

Sin embargo, es muy fácil ver los toros desde la barrera. Si su hijo/a es infernal en casa, imagínese lo que son cientos de niños y niñas de su edad con el Síndrome de Estocolmo que les da cuando sus familias les dejan en el cole después de un período largo de vacaciones. Agárrese que vienen curvas.

Ni en el entierro de Lola Flores se oyeron tantos alaridos desgarradores y se vieron tantas lágrimas, oiga. Esta mañana, cuando he entrado en el colegio, aquello parecía un concierto en Do mayor. Las vacaciones de navidad es lo que tienen, que cuando estás empezando a aclimatarte, se terminan. No son como las de verano, que duran tanto tiempo que te da tiempo a descansar, a aburrirte, a salir, a dormir, a comer, a leer y a desear que duren para siempre. Las de navidad son como los días que te despiertas con despertador, que descansas mientras dura el descanso pero cuando estabas en lo mejor, ala, a volver a la rutina.

Las pobres criaturas se desconciertan, normal. Además las navidades están llenas de reuniones familiares, comilonas en las que está todo permitido, riadas de regalos por todas partes y especiales musicales en la tele. Volver al uniforme, a sentarse en la silla y a merendar fruta es duro para cualquiera. Mientras subía por la cuestecilla que lleva al cole he oído a un niño decirle a su madre:

- Yo voy al cole, pero luego vendrán los primos a cenar, ¿no?

Pobrecillo. Cuando llegues a tu casa, chiquitín, te vas a bañar, a cenar y a la cama, y despídete hasta dentro de mucho de la vidorra que te has pegado este mes. Aunque sea cruel, es la vida real, y hay que vivir en ella; eso es lo que me digo yo, por lo menos, para hacerme consciente de que se acabó lo bueno y de que la cuesta de Enero no es sólo económica, que emocionalmente también se hace larga la subida.

Volvemos a las clases, a las lágrimas todas las mañanas, a la fotocopiadora que se atasca, a los padres y madres cansinos, a la comida del comedor, al timbre del recreo, al despacho bajo cero y a los rotuladores de colores (que no, no salen de la ropa, os pongáis como os pongáis), pero también volvemos a las sonrisas gratuitas, a las canciones por todos los rincones, a los ojos que miran curiosos, a los dibujos en las paredes, a los abrazos, a los besos, a las carcajadas en el patio.

Vuelve la vida. Vuelve a volver. Vuelve la historia. Vuelve a llover...





Nota: ¡¡Espero vuestros comentarios!!

domingo, 26 de diciembre de 2010

¿Feliz Navidad?

Pese a que me arriesgo a que los Reyes no pasen por mi casa, tengo que confesar que no me gusta la Navidad. No es una cuestión puramente anticonsumista, no, porque no puedo negar que en estas fechas me subo al carro y aunque no llego a cotas alarmantes, hago algún que otro exceso; la cuestión es que hay muchas cosas concretas de la Navidad que me repatean, que hacen que en estos días no me apetezca tocar ni la zambomba ni la pandereta, por ejemplo:

- Las aglomeraciones: con todo el bucle de compras, comidas/cenas navideñas y salidas de última hora, todas y cada una de las calles de Madrid se ponen hasta arriba y hay que guardar cola para caminar (literalmente). Ir a trabajar, comprar el pan o desplazarte a pie se convierten en misiones poco menos que imposibles.

- Los atascos: es exactamente el mismo que el punto anterior, pero en coche, lo que te multiplica la desesperación por mil. Riadas de coches parados, pitando, conductores y conductoras con caras de odio visceral interno que te hacen amar al odioso conductor del autobús y agentes de movilidad a l@s que les meterías el pito por el culo.

- Las subidas de los precios: de repente todo se vuelve escandalosamente caro y ¡ay de tí!, si necesitas artículos de primera necesidad durante estas semanas. Agárrate el bolso porque en cada tienda te encuentras con un atraco a mano armada.

- Los especiales en la tele: ni una película decente, ni una serie buena, ni siquiera los documentales clásicos de la 2. De repente la parrilla se inunda de programas especiales llenos de actuaciones musicales cutres con playbacks lamentables que se hacen tediosos hasta cuando los tienes de fondo durante la cena.


Y otras tantas cosas horribles como el discurso del Rey, que es un cúmulo de palabras vacías con fotos familiares de fondo, los anuncios de la tele, que nos bombardean cada minuto de cualquier hora del día o el estrés generalizado que inunda a todas las madres de todas las familias que en estas fechas se dedican única y exclusivamente a hacer comida a mansalva sin que nadie se pase por la cocina más que a picotear o a cotillear qué es lo que va a haber de cena.

Sin embargo, y haciendo honor a la verdad, reconozco que hay algunas cosas que no dejan de emocionarme de estas fechas, aunque sean situaciones completamente artificiales. Entre ellas están las siguientes:

- Las caras de los niños y niñas del mundo al abrir los regalos de Reyes: también se engloban aquí las caras de todas las personas que aún abren los regalos con ilusión, como la mía misma o la de mi amiga P., que aplaude y tiene esa sonrisilla nerviosa cada vez que ve un paquete envuelto. Adoro regalar y que me regalen, y si tiene que ser por obligación navideña, que lo sea. Esas caras iluminadas, sonrientes y completamente emocionadas me cautivan sí o sí, y lo merecen todo.

- El momento "que no, que eso son los cuartos": durante el momento de las uvas en Nochevieja, se produce una situación que se repite año tras año en todas las casas de España (porque en otros países no hay uvas, ni campanadas, ni reloj de la Puerta del Sol, aunque a algun@s les cueste creerlo) en el que hay un cierto nerviosismo positivo por el gran momento que se va a vivir. En este país bastante superficial en el que vivimos, sólo hay nervios reales en dos momentos de la vida: durante las uvas y cuando España juega el Mundial.

La segunda situación es de nervios chungos y tensos, pero la primera es como de tensioncilla divertida, en la que entran abuel@s, padres, madres, niñ@s y demás miembros de la familia. Aunque lo practicamos todos los años, y pese a eso vemos las instrucciones una vez más, siempre hay alguien que se come la primera uva durante los cuartos, y se oye una vocecilla de fondo que avisa del error: "¡¡Que nooooooo!! ¡¡que eso son los cuartos!!". Adoro ese momento en el que toda la familia se ríe junta.

- Los villancicos: aunque parezca mentira, me encantan los villancicos. Todo lo que sean canciones con letras sencillas y melodías repetitivas, se me queda grabado a fuego en mi mente absorbedora de conocimientos y ya no lo suelto. Los villancicos encima tienen esa música de campanillas y panderetas que hacen que quieras dar palmas y corear todo el rato.

- Los dulces navideños: también me pasa con el dulce lo que con los villancicos, que se me quedan grabados a fuego y vivo todo el año con la esperanza de que empiecen a venderlos para comérmelos doblados. Y no hago ascos a nada, oiga: turrones de todas las clases y pelajes (dentro de poco habrá turrón con sabor a nicotina, que es el único que no existe. Todos los demás ya están inventados), polvorones, mazapán en todas sus formas y tamaños, roscón... ya me están sonando las tripas.


Y otras cosas, como los descorches de botellas de sidra de quienes son agraciados con la lotería, el chocolate con churros en Nochevieja, las fotos familiares de año en año, los propósitos de enmienda para el año que comienza, y los juegos de mesa en los que siempre gana el mismo equipo.

Estos sentimientos encontrados hacen que esta época sea un poco extraña para mí, pero para todos y todas l@s que la disfrutáis...

lunes, 13 de diciembre de 2010

Los Reyes Magos son los padres

Hay momentos en la vida de un colegio que son cruciales: el día en que descubres un piojo saltanto alegremente por una cabecita, el día en que el director/la directora dice: "La semana que viene va a venir Inspección", el día en que se estrena la función de Navidad, el día en que se dan las notas y el día en que se escucha por algún rincón: "LOS REYES SON LOS PADRES".

En ese momento, egoístamente, rezas para que nadie haya escuchado esa frase y te pregunte: "Oye profe, ¿es verdad que los reyes son los padres?". Claro, a ver qué les dices. Yo que sé si sus familias les dicen que existen, o que no existen, que hoy en día hay familias que no quieren "mentir gratuitamente" a sus retoños y otras que quieren mentir por fomentar el clima mágico navideño. Y cualquiera contradice a una familia.

Hoy estábamos reunid@s en el despacho de coordinación cuando ha llegado una profe contando que un niño de infantil (5 tiernos años) estaba propagando la terrible frase, y el resto del grupo estaba empezando a hacerse eco de tan noble descubrimiento tirando por tierra los esfuerzos de esas familias que sí siguen fomentando el espíritu navideño en sus criaturas.

Le hemos preguntado entre sonrisas que cuál había sido su respuesta. La compañera contaba que ha cogido un papel y ha escrito con "tinta de limón" la siguiente frase:

"LA MAGIA ESTÁ EN TÍ".

(Nota: Para quien no lo sepa, el recurso de la tinta de limón funciona de la siguiente manera: se exprime un limón y se recoge el zumo. Usando una pluma o un palito, se moja el extremo en el jugo de limón y se escribe en un folio el mensaje deseado. Obviamente, el zumo es transparente, así que el mensaje no se ve, pero si se acerca el papel a una fuente de calor, la "tinta" se oscurece y el mensaje se deja leer. Es lo que llamamos "mensajes invisibles").


Dicho esto, retomo el papel que ha escrito mi compi con ese maravilloso mensaje y que ha dado a l@s niñ@s, diciéndoles que tenían que encontrar el mensaje escondido. Lo han calentado con un mechero y cuando ha aparecido el mensaje, se han emocionado tanto con la tinta mágica que se les ha olvidado la historia de los Reyes Magos, pero tanto les ha gustado que se han quedado con el mensaje de leerlo una y mil veces.


"LA MAGIA ESTÁ EN TÍ".


Me ha parecido un recurso maravilloso, y efectivamente, la magia está en cada un@. Qué mas da si existen o no los Reyes, lo importante es encontrar esos momentos de ilusión, de mariposillas en el estómago, de felicidad desbordante en nuestras vidas, como cuando creíamos en los Reyes.

La magia está dentro de tí. Sólo tienes que buscarla (y quizá el mensaje esté oculto, y le haga falta un poco de calor para aparecer...).