"Pido perdón a los niños por haber dedicado este blog a personas mayores. (...) quiero dedicar este blog a los niños y niñas que estas personas han sido. Todas las personas mayores fueron primero niños (pero pocas lo recuerdan). Corrijo entonces mi dedicatoria."

Adaptación de la dedicatoria del libro "El Principito", de Antoine Saint-Exupéry




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jueves, 11 de julio de 2013

El día más triste de mi vida moderna

A mí de pequeña azotes me cayeron pocos, pero algún cachete que otro me sobrevoló la nuca aunque aún no llevase el pelo corto. Crecí en estatura a toda velocidad, así que a mitad de mi infancia media ya era complicado darme una colleja, porque las veía venir desde mi propia altura y las esquivaba a toda velocidad. Sin embargo, hubo dos que recordaré siempre, y que están en mi memoria sólo por una razón: fueron las dos únicas veces en que realmente no lo esperaba y realmente me pilló de sorpresa. Una fue por contestar mal y la otra por contestar peor: en eso he sido siempre muy clásica.

Los golpes (los reales y los metafóricos) que más daño hacen son los que impactan por lo inesperados: duele más, de toda la vida, un golpe en el dedo pequeño del pie con la pata de la silla en la quietud de la noche que una caída de la bici. La única diferencia es que la primera no te la esperas, no la ves venir, y la segunda te la hueles desde el momento en que coges mal la curva o te lanzas por una cuesta a lo "mamámirasinmanos". También duele más, de siempre, descubrir que te han engañado a saber que te están engañando, como duele más comprar a precios desorbitados a que te timen sin darte cuenta. Ese es el verdadero dolor, el del factor sorpresa.

Ayer fue el día más triste de mi vida moderna.

No será que no he tenido algunos palos este año (y el pasado, y el anterior, la vida de una Drama Queen es muy dura), pero en ninguno jugó el factor sorpresa sus cartas con tanto acierto. En los capítulos anteriores de mi vida moderna, antes o después sabía que el desenlace sería el que fue, porque la vida depara sorpresas pero a veces te las anticipa para que no te de un cuajo. En este caso, no parecía que fuese a ser así.

En mi anterior post (que puedes leer aquí) hablé del Síndrome Nick Carter, ese por el que mi amiga S. creía que la flauta sonaría para ella y ese en el que yo ni siquiera pensé en creer, tan confiada estaba (y sigo estando) de mis posibilidades. La oposición fue, como tenía que ser por estas fechas, y juro que nunca antes estuve tan preparada, ni había salido tan contenta. No esperaba haberlo hecho bien: simplemente, sabía que lo había hecho bien, y después de cuatro años haciendo lo mismo, una cultiva un cierto criterio con relativa fiabilidad. Me avalaban también los resultados de años anteriores, en los que el 8 fue mi nota más baja. Esta vez, la sensación superaba a la de los ochos pasados.

Me cayó un tema en el examen, me cayó el tema, la perla de mi corona, la piedra Filosofal de mi memoria, ese tema que sale en tus oraciones, en tus sueños, en tus desvelos, en la cama, en el parque, en la piscina, ESE tema. Y lo hice, qué cojones, lo bordé. Los otros exámenes no eran fáciles, ni difíciles, y aún así salí contenta. Cuál fue mi sorpresa ayer, día de la entrega de notas, cuando miré el tablón donde estaban las personas aprobadas: donde sólo salen las personas aprobadas.

Y no

           me


                    v
                      í...


Se me descolgaban las letras, se me descolgaban los ojos y se me descolgaba el corazón.


No

       es
           t
             ab
                   a...


No pude ni llorar. Ni reír. Ni moverme.


Para mí estos exámenes no son unos exámenes cualesquiera que haces por hacer, por ver si suena la flauta, por ver si te mira Nick Carter y se enamora de tí y si no, pues oye, volverte con el Samu, tu novio del barrio, de toda la vida.
Para mí estos exámenes son una llave, el acceso para poder hacer algo en lo que creo, que me hace feliz y para lo que de verdad sé que valgo. Algo en lo que he invertido cuatro largos años de mi vida, para lo que me he preparado, para lo que estudio, para lo que trabajo, casi para lo que vivo. Porque quien no tiene una vocación, no sabe cómo se vive la sensación de no necesitar trabajar para sobrevivir, sino para vivir, como parte de la vida, aunque fuese a cambio de nada, aunque la nada fuese el cambio.

Y de repente un país, un mundo, entran en una crisis y se cierran las puertas a poder hacer algo así dignamente, en un entorno que te valore, que te deje desplegar las alas, sólo porque han decidido cargárselo, y quien tiene en este momento la escopeta la mueve a su alrededor, cierra los ojos, aprieta el gatillo y ¡pum! ¡pum!, dispara, mata un punto, mata una décima, mata otra y otras dos, y te deja fuera del círculo, esta vez, por primera vez.

No lo ví venir y por eso se me atragantó, por eso se me ha puesto la vida en los ojos y ahora no sé muy bien cómo gestionarla. El tiempo pasa y la situación no cambia, y quizá sea este el momento de meter los trastos, las ganas y las alas en una de las maletas llenas de pegatinas de mis padres, que marcábamos para no perderlas nunca, y contar Cuentos Chinos desde otro lado, intentarlo desde otro idioma, desde otro mapa, desde otro horario, para volver con más fuerza.

Porque no esperarlo es peor que verlo venir.

Porque ayer fue, con diferencia y por ese motivo, el día más triste de mi vida moderna.



Pd. Aún termino dando una enhorabuena: a las paradojas de la vida, a Nick Carter y a S., que como no podía ser de otra manera, ha aprobado. Felicidades, amiga.





sábado, 26 de mayo de 2012

El Artículo 14

Nuestro flamante ministro de educación (y no me da la gana de poner el título con mayúsculas porque él mismo ha devaluado la figura), el señor Wert, ha decidido que la prioridad número uno, total y absoluta, en el sistema educativo es darle una vuelta ideológica a la asignatura de Educación para la Ciudadanía, que recordemos es impartida en 5º curso de Educación Primaria. Resulta que esa asignatura va a ser rebautizada como "Educación cívica y Constitucional"; y me encanta, porque por un lado a l@s maestr@s se nos forma (¡ja!) para que trabajemos con ese instrumento demoníaco que es la pizarra digital en pro de formar al alumnado con las "tecnologías del futuro" pero se nos obliga a trabajar un documento redactado hace más de 30 años que casi ni se menciona en el libro de Cono. Además se eliminan todos los contenidos que aluden a los conflictos políticos, sociales o ideológicos, porque eso no interesa, ni importa, ni nos gusta que l@s chaval@s lo sepan, no sea que les de por manifestarse, por quejarse o por votar a un partido minoritario y ya se sabe que del cuestionamiento del modelo a las drogas y el reggaeton hay sólo un paso.

Total, que me tengo que aprender la Constitución de arriba abajo, porque claro, igual este señor no se ha parado a pensarlo, pero las maestras y maestros del mundo nos preparamos las clases y tenemos que hacer un trabajo previo importante. Pues ahí que me pongo con los artículos y antes de que haya pasado un minuto llego a esto:


CAPÍTULO II.
DERECHOS Y LIBERTADES.

Artículo 14.
Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.



¿A que queda precioso así redactado? Una lee esto y piensa: "Joder, qué suerte tengo de ser española".

Pero una se va a trabajar con esta reflexión y tiene la mala suerte de que un niño se le cae en la clase y se parte el labio. Y cuando la criatura levanta la cabeza se da cuenta de que no es unniñocualquiera. De que es el hijo de Fulanito de Tal y Menganita de Pascual, ambos dos famosos, ambos dos forrados de pasta y ambos dos adorados por el resto de la Humanidad.

Entonces una, en su ignorancia y su conocimiento de la Constitución, entiende que todos los españoles (las españolas no estábamos en aquel entonces, sólo limpiábamos la casa y esperábamos a nuestros maridos sentadas en un sofá cubierto por una manta de croché con una sopa de sémola puesta en perola de loza encima de la mesa, llena de platos de Duralex y con servilletas de tela) somos iguales ante la ley, se lleva al niño diminuto al centro de salud, rodeado todo él (el niño, no el centro) de juguetes y muñecos para que se le pase el disgusto y no se de cuenta de que se acaba de dar la hostia padre.

Con ese percal, y sin ambulancia ni nada (la urgencia obliga), una se cruza medio pueblo con el niñoen brazos, pensando por qué cojones se puso una camisa blanca esta mañana que ahora aparece como si yo viniera de una reyerta pandillera, llena de sangre. La misma que escribe llega con la criatura en brazos al centro de salud, sudando como un pollo, hasta los ovarios de la sirena del coche de policía que el crío lleva en la mano ("la próxima vez se trae un peluche"; piensa para sus adentros) y con los DNIs de sus progenitores en la mano, la tarjeta del cole y la paciencia saliendo por todos los poros del cuerpo.

Después de esperar la cola del infierno, una llega al mostrador con el niño, los muñecos, los papeles, el mosqueo y la sangre e intenta hacerle entender a la amable señorita dónde se halla el problema. La amable señorita deja de ser "amable" al minuto uno, y "señorita" al minuto dos, y se convierte en Mrs. Mordor cuando, acto seguido, te informa de que allí no te atienden porque los padres de la criatura tienen seguro privado, y de que si quieres le ve el médico, pero previo pago.

Una se queda ojiplática y recoge al niño, los muñecos, los papeles, la paciencia y el alma (que ya anda por los pies) y mete todo ello junto con las taquicardias en su coche (obviamente los coches de empresa o la ruta del cole en este caso JAMÁS están disponibles cuando se los necesita), coge una sillita, la apaña en el coche, monta al crío y se lo lleva al hospital privado en el que se atenderá al pequeño, que a esas alturas ya ni siente ni padece y se está metiendo un pie del Nenuco en la boca con el consiguiente problema que supone en un labio partido el contacto bacteriano de un muñeco babeado por medio Colegio.

Ahora conduce, canta, baila (distrae al niño, vaya) y evita que se toque la herida, que llore, intenta localizar a la familia (por millonésima vez) y no pierdas de vista toda la parafernalia que llevas encima.

Si agobia leerlo, no te digo vivirlo. Y con la primavera cayendo encima a 40º a las 4 de la tarde.

Por fin se llega al hospital privado, donde servidora, criatura, aviones, cochecitos, Nenucos, papeles, sangre, sudor y lágrimas (literales) nos bajamos de mi humilde coche (para nada digno de ese ocupante hijo de la alta alcurnia, perfecto para una maestra que no sabe qué es la cirugía estética) donde la sillita queda colocada para la posterior vuelta.

Todos los entes entramos en el hospital donde hay una cola que parece la del paro, así que volvemos a esperar pacientemente a que nos atiendan. El pequeño sólo sabe decir "Mamá" y yo me siento como la protagonista de "La mano que mece la cuna", porque todo el mundo me pregunta "¿Es tuyo?" y yo digo "No, no, jeje" y el niño llora desesperado gritando "¡¡MAMÁAAAAA!! ¡¡MAMÁAAAA!!" y la gente me mira raro, como se mira a una secuestradora loca que lleva un niño en brazos, una camisa llena de sangre, los pelos revueltos y la cara empapada y va armada con un Nenuco.

Por fin llegamos al mostrador y ¡oh! ¡sorpresa! El señor recepcionista, que despacha a todos los enfermos hacia una sala de espera, al ver quiénes son los padres de la criatura abre una puerta trasera y le pasa el primero a un pequeño cuarto en el que al momento entran una enfermera, un pediatra, un cirujano de Traumatología y la señora de la limpieza, que intrigada quiere ver cómo es el muchacho al natural.

Y el resto de los españoles, que esperan la cola pacientemente, aceptan que ese niño rubio que busca a su mamá desesperado y al que acompaña una loca despeinada es alguien importante, y asumen con pasmosa entereza que el niño tiene prioridad por encima del resto de sus criaturas aunque el Artículo 14 de la Constitución diga lo contrario.

Pero no contentos con eso, los padres consiguen por fin ser localizados (estaban en una fiesta, de esas que todos y todas hacemos a las ¿¿3 de la tarde??) y acuden veloces al hospital, entran por la puerta de atrás entre gritos de miedo y suspiros lastimeros de ell@s mism@s y le preguntan al médico:

- Doctor, ¿es grave? ¿le quedará cicatriz? ¡¡Es que es la boca!! ¡¡LA BOCA!!

Y obvian a la acompañante, me obvian a mí, una española igual que ell@s ante la ley que no sólo lo es, sino que ha acompañado a su pequeño en los momentos posteriores a la hostia padre y le ha dado todo su amor, su paciencia y sus energías. Ni siquiera pueden pensar en tener ojos para alguien que no es su chiquitín.

Y por supuesto no dejan que le traten en ese hospital. Le llevan a su cirujano de confianza, porque ellos son españoles, iguales ante la ley que el resto de los demás, pero les van a recibir los primeros y a hacerle al niño un cosido de labio que ni Jesús del Pozo, el rey de las costuras. Y todo ello sin dar las gracias ni a los médicos, ni a la acompañante, ni a la cola de personas que se han dejado mangonear para que el crío pase el primero y que ahora, víctimas de esta sociedad de mierda, sólo están pendientes de si ella realmente es tan guapa como en la tele o él parece un poco más gordo que en las revistas.

Así que servidora se vuelve al coche, desmonta la sillita, se limpia el sudor y se mira en el retrovisor izquierdo para ver que parece que viene de la guerra. Y con cierta melancolía de quien sabe que no puede hacer nada y se siente vencida piensa en el próximo curso, cuando con total convencimiento tenga que decirles a sus alumnos y alumnas en algún momento del horario:

Buenos días, chicos y chicas, vamos por donde nos quedamos el último día. Empezamos. Artículo 14 de la Constitución Española: todos los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna...







sábado, 3 de septiembre de 2011

La ESO no existe: es Esperanza Aguirre

- Dime tres montañas de Europa
- El Teide, la Montaña Rusa y Montserrat.

- A ver, las provicincias de Castilla y León
- Pues León, Asturias...


- Define "Edad Media"
- La Edad Media es hasta que los seres humanos hacen la Escritura. Se divide en tres partes: Paleolítico, Nelítico y Edad Media o Moderna.


- Háblame de la Edad Moderna
- Pues esa está muy bien, porque es en la que vivimos.


- ¿Y la Contemporánea?
- Esa es la que viene... ¿o la que ya ha pasado?

  
***

- Fernando Fernán Gómez, ¿te suena?
- Sí, un escritor o algo así ¿no?
- Aquí dice que fue miembro de la Real Academia Española
- De cine, digo yo...
- Será, porque aquí no pone nada


***

- La Madre Teresa, fue una monja albanesa, católica
- Pero, ¿una albanesa de dónde es?
- De Albania
- Pero ¿eso existe? ¿y dónde está?

***

- ¿Cuál es el mar que baña la costa valenciana?
- El mar... ¿Atlántico?

***

- ¿Provincia insular en la que nació el actor Javier Bardem?
- ¿Provincia insular? Eh... Castilla la Mancha

***



Todas estas frases, siendo éste un blog escrito por una maestra, no dejarían de ser anécdotas graciosas, curiosas, tiernas, si fuesen las clásicas respuestas de examen de mis niños y niñas de Primaria, que al estar aprendiendo se atreven con todo, o con casi todo, cuando les pregunto acerca de temas cotidianos como geografía, historia, religión, cine o literatura. 

Sin embargo, hay que matizar un pequeño detalle respecto a estas frases: no han sido pronunciadas por niños y niñas.

Las perlas dialécticas que acabas de leer han sido pronunciadas por personas adultas en los programas, concursos y realities televisivos de máxima audiencia en la historia de nuestro país. Y no sólo por personas analfabetas, ojo. Aquí hay respuestas dadas por actores, actrices, presentadores y presentadoras, periodistas y demás profesionales de diferentes gremios.

Y es que ser ignorante está de moda. Miento, ser ignorante no está de moda. Lo que se lleva ("lo que lo peta", dirían éstas personas seguramente) es presumir de no saber. Presumir de ignorar, de no conocer, de no saber ni escribir tu apellido. Y ser fan incondicional de quienes también se enorgullecen de su falta de saber y de conocimientos.

La presidenta de la Comunidad de Madrid ha decidido aplicar recortes drásticos en los presupuestos destinados a ¿Educación? para equilibrar el déficit que presentan las cuentas públicas, alegando que el despido de 3000 profesores y profesoras de Secundaria permitirá "dotar al sistema educativo de otros recursos". Mientras tanto, se sube el sueldo, se lo sube a sus colegas y se asegura de que el concejal de festejos de Villasuputamadre tenga su pensión vitalicia, que para eso le toca llamar a Melendi todos los años para que toque en las fiestas del pueblo de agosto.

Yo no sé si yo soy demasiado radical o ésto se nos ha ido del todo de madre. Bueno, sí lo sé: lo segundo.

Un país que decide aplicar recortes brutales en Educación, minimizando hasta lo indecible la inversión en formación de quienes serán los ciudadanos y ciudadanas del futuro, ha perdido el norte. Un país que permite que el fracaso escolar le sitúe a la cola de Europa, que los centros se llenen hasta la bandera sin que haya personas suficientes para atenderlos, que la mayor aspiración de un chaval sea ser tertuliano de un programa de cotilleo lamentable y que aún con esas, decida seguir quitando unos eurillos de aquí, una profesional de allá y un instituto del otro lado, debe reflexionar seriamente acerca de la que se le viene encima.

A mí, qué queréis que os diga, todo ésto me inquieta y me da miedo, lo reconozco. Pensar que estamos promoviendo el paletismo universal con total impunidad, y que además lo solventamos mirando hacia otro lado y cambiando de canal, me hace reflexionar acerca del lugar que ocupo yo en este mundo que si no se ha vuelto loco es que me ha vuelto loca a mí. Lo que no sé es cómo no lo ví venir cuando tuve aquella conversación con el chaval que de mayor quería ser traficante (si quieres recordarlo, puedes volver a la historia pinchando aquí).

Auguro que dentro de poco tiempo, tendremos un país lleno de tronistas de "Hombres, mujeres y viceversa" que no sepan hablar y que sólo se preocupen de buscar una bola de piercing que les combine con los zapatos. En el huerto del colegio plantaremos estramonio para poder flipar en la fiesta de fin de curso y resolveremos nuestras diferencias con el alumnado a través de indirectas vía Facebook. Y la jornada escolar terminará a las 3, que a y media empieza Sálvame.

Y la primera presidenta del Gobierno de nuestro país no será Esperanza Aguirre, será Belén Esteban.


Por cierto, las cinco primeras respuestas son suyas.








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miércoles, 23 de marzo de 2011

Y encima, muchas veces, es hasta marica

Hay veces que pienso que los peligros del mundo educativo no están en el Gobierno, que legisla para sí mismo, ni en l@s niñ@s, que cada vez vienen con menos ganas y más mala leche, ni en las familias, que conforman el HAMPA (ah, no, que es sin H, pero que al fin y al cabo las dos acojonan por igual). A veces pienso que el gran peligro es el tipo de gente que, a veces, se dedica a la enseñanza.

Estábamos hoy en el despacho mi compañera y yo charlando animadamente sobre la televisión. Son ese tipo de conversaciones de sobremesa que a veces sacamos para pasar el rato entre reunión y reunión cuando las cabezas no dan para más. Salíamos del despacho de la directora con las orejas echando humo por el esfuerzo de pensar en cómo hacer que el grupo de profesoras encantadoras que quieren asesinarnos sin piedad cedan a nuestras propuestas.

En semejantes circunstancias, sacar el tema de la televisión y su programación era completamente procedente.

Comentábamos que la tele da asco. Que la programación está llena de formatos chungos donde la gente, a unos decibelios seguramente dañinos para el oído humano medio, se pone de vuelta y media por menos de nada. Ojo, no me las quiero dar de nada porque admito que veo Gran Hermano desde que Mercedes Milá podía convivir con el humo del tabaco sin blasfemar como Regan McNeil en El exorcista, pero de ahí a poder ver Telecinco en la actualidad durante más de 10 minutos seguidos hay un mundo.

Sin embargo, me cuesta convivir con los programas del corazón, no porque no sea yo un poco marujilla, que también, sino porque se me hacen repetitivos, cansinos, aburridos y Belén Esteban me cae hasta mal. Al principio tenía su gracia, porque la gente un poco paletilla pero buen corazón siempre cala hondo, pero ahora ya ni eso. Me crispa los nervios verla a todas horas en todas partes.

Total, que en esas estábamos, comentando que a día de hoy, si quieres salir en la tele, tienes que ser un punto ordinaria, barriobajera, malhablada y sobre todo ignorante. Sin ir más lejos, toda la prensa nacional se hacía eco esta semana de que la ganadora de Gran Hermano 12 dice que "no hay ningún país en la Península Ibérica". Que nadie te pide un doctorado para salir en la tele, pero de ahí a vanagloriarte de tu analfabetismo hay un paso (largo).

Cuando hemos llegado a ese punto de la conversación, mi compi ha dicho:

- Lo peor es que no es sólo en los programas del corazón, es que luego en todas las películas y series de producción española siempre hace gracia o es protagonista "el tonto" o el que no sabe hacer nada. El ejemplo más claro lo tienes en El Luisma de "Aída", que ha hecho popular la expresión "Como el Luisma es tonto..."; y claro, el que estudia o se forma, o hace algo con su vida siempre aparece como el empollón, el listillo, el sabelotodo.


Hasta aquí iba bien. Hasta aquí me ha gustado hasta el paralelismo y me han dado ganas de decirle:

- Para, para, y sigue contando esto dentro de las clases de secundaria.


Pero ella ha cogido carrerilla, se ha emocionado y ha terminado:

- ... aparece como el empollón, el listillo, el sabelotodo. El repelente, el que cae mal. Como estudiar no se lleva, como saber cosas no está de moda, lo suelen pintar como un personaje sin éxito, feo o poco agraciado, flacucho, poca cosa. Y encima, muchas veces, es hasta marica.


Y se ha quedado tan ancha. Vamos, que ha seguido leyendo el periódico como si nada.

Digo yo que esto en pleno siglo XXI es hasta obsceno. Que una persona joven que se dedica a enseñar, a formar, a inculcar valores diga "y encima muchas veces es hasta marica" refiriéndose a un calificativo despectivo roza lo que ella misma criticaba: roza lo paleto, lo ordinario y lo analfabeto. Que dicho de boca de la Esteban no sonaría peor, vaya.

Me da un poco de miedo que esa gente (porque el ejemplo de mi compañera es uno, pero hay cientos de docentes así o peores) asuma con libertad la tarea de educar a nadie. Está claro que no todo el mundo está cortado por el mismo patrón y que no puedo hacer de mi capa un sayo y esperar que todo el mundo piense como yo, pero me siento impotente cuando gente que se llena la boca con palabras como "respeto", "tolerancia" o "igualdad" diga estas cosas y no sólo las diga, sino que se las venda a l@s niñ@s como dogmas de fe.

¿Qué se hace en estos casos? ¿Cómo se lucha contra esto? ¿Cómo se frena la corriente de borreguismo que asola nuestras escuelas?



Borrego

martes, 1 de marzo de 2011

Todo un caballero

Una mañana soleada, hace ya tiempo (cuando hacía sol y calor, ya ni me acuerdo de eso), fui a echar gasolina antes de ir a trabajar.

Hay dos momentos malignos para echar gasolina: la franja horaria comprendida entre las 7 y las 9 de la mañana, cuando todo el mundo va con infinita prisa e infinita mala leche antes de ir a trabajar, y la franja comprendida entre las 7 y las 9 de la tarde, cuando todo el mundo va con infinita prisa e infinita mala leche nada más salir de trabajar.

A mí, que me gustan las emociones fuertes, me suelen pillar esas franjas horarias para ir a echar gasolina, más que nada porque si me doy cuenta de que voy en la reserva por la tarde lo dejo para la mañana siguiente, y si me doy cuenta por la mañana ya lo dejo para la tarde. Por ese motivo, echar gasolina suele ser un momento aburrido y estresante para mí, porque se suelen suceder situaciones hostiles y tensas como la que voy a relatar.

Esa soleada mañana yo iba camino de la gasolinera antes de trabajar, como tantos otros días. Hacía buen tiempo, lo que en mí supone un plus de buen humor, además de que supone que llevo puesto mi cd para tiempos soleados. Tengo varios cd´s grabados para el coche que escucho en momentos concretos: cuando hace sol, cuando llueve, cuando estoy agotada, cuando estoy rebosante de vitalidad, cuando estoy nerviosa... Escuchar canciones concretas me ayuda mucho en momentos puntuales a sobrevivir, y ese día llevaba mi cd de tiempos soleados y la ventanilla bajada, que es algo que me gusta hacer cuando hace bueno para notar el aire en la cara.

Me paré en el último semáforo que tengo que cruzar antes de llegar a la gasolinera de mi barrio a la que suelo ir y como suele pasar, se puso en verde.

Juro que no pasaron dos milésimas de segundo cuando el coche de detrás me pitó. Esto no es algo extraño, porque hay mucho energúmeno por el mundo, no me la juego si digo que frecuentemente pertenecen al mundo del transporte privado (taxistas, vaya). Estoy harta de ver gente que parece que lleva la mano pegada al cláxon, y en las noches otoñales fantaseo con la idea de que a esa gente se le clavase un pincho en el ojo cada vez que aprietan el pito. Soy una romántica.

Tal pitido me pegó que casi me mata del susto, y por este motivo, se me levantó el pie del embrague y se me caló el coche. Sé que pequé, lo sé, pero espero que algún día dios me perdone por semejante atentado contra la vida humana.

Intenté enmendar mi error arrancando lo antes posible, y para entonces la contaminación acústica había subido un par de puntos de la cantidad de pitidos que me había metido el conductor del coche posterior al mío. No exagero si digo que toda esta maniobra duró, desde que el semáforo se había puesto en verde, 20 segundos.

Avancé todo lo rápido que pude para ahorrarle a mi amigo un carcinoma pulmonar surgido del estrés que yo misma le estaba provocando, y llegué a la cola de la gasolinera. Había infinitos coches, todos igual de estresados que mi compañero de atrás, así que respiré, me relajé, subí el volumen de mi cd de tiempos soleados, y me abstraje de la situación. Me despreocupé de la cola, porque cada vez que un coche hacía un breve ademán de moverse, el señor del pito me taladraba los oídos y yo arrancaba, por lo que no me hacía falta ni estar pendiente. Él pitaba, yo miraba, y avanzaba.

En un momento dado, una señora que iba en paralelo a mi coche, bajó la ventanilla:

- Llego tarde a trabajar, ¿te importa si paso primero?

- Claro - le dije - no te preocupes, pasa.

- Muchas gracias, de verdad.

Y pasó.

El señor del coche de detrás se asomó por la ventanilla, y comenzó a pitar hasta que llamó mi atención:

- ¿¿¿¡¡¡¡QUÉEEEEE PASAAAAAA!!!??? ¿¿QUE VAS A DEJAR QUE PASE TODO EL MUNDO??

Yo me giré y contesté:

- Pues depende.

Y seguí a mi rollo.

El hombre sacó medio cuerpo del coche y volvió a insistir:

- ¡¡¿¿Y VAMOS A ESTAR AQUÍ TODA LA VIDA PORQUE LA SEÑORITA DEJA QUE SE CUELE TODO EL MUNDO??!!

Yo me giré y le dije:

- Toda la vida no sé, pero un ratito igual si estamos, sobre todo si me sigue voceando.

Y el hombre terminó de sacar el cuerpo y vociferó esa frase cultivada, inteligente, breve, ágil y encantadora que dicen los energúmenos cuando no saben qué decir:

- ¡¡¡¡¡MUJER TENÍAS QUE SER!!!!! ¡¡¡SI ES QUE SOIS TODAS IGUALES!!!

Pensará el lector o la lectora que me conozca que en ese momento salí del coche y me lié a voces.

Pues no.

No porque a veces me sorprendo a mí misma y encuentro la paz interior en las gasolineras, o en los centros comerciales o en el dentista, y me relajo una barbaridad. Ese fue uno de esos momentos en los que me templé y me hundí en el sillón del coche a la espera de que llegase mi turno. Mentiría si dijese que no me estaban entrando ganas de cambiar mi cd para tiempos soleados por mi cd para situaciones tensas, porque la cosa ya estaba siendo bastante tensa y, pese a mi paz interior, tenía cierto estado de estrés traumático encima.

Quiso el azar que el vociferador y yo encontrásemos surtidor a la vez, por lo que ambos nos acercamos a pagar al mismo tiempo. El señor me lanzaba miradas asesinas pero no decía nada, porque suele pasar que este tipo de gente en las distancias cortas se acojona y pierde fuelle, así que llegamos a la caja a pagar y le cedí el paso en un intento de no tener su aliento en mi cuello y perderle de vista lo antes posible.

Ese día vendían flores en la gasolinera. De vez en cuando, ofertan algunos productos de los que hay excedente o que están en stock y no se han vendido: almendras, aceite, ambientadores, toallitas, caramelos y un sinfín de productos de todas las índoles y pelajes.

Aquella mañana, preciosos ramos de rosas cubrían el mostrador en el que l@s clientes intentábamos apoyarnos para firmar el ticket de la gasolina.

La chica que despachaba informó al señor vociferador:

- Hoy tenemos en oferta el ramo de rosas rojas, un detalle elegante, romántico, bonito para su mujer.

El hombre de Cromagnon, con su voz de ultratumba y sin mirarla a la cara, contestó:

- Anda, dame uno. Algo haremos con él.

Y la señorita cajera, suspirando, le dijo:

- Ay, la verdad es que es usted todo un caballero. Ya no quedan hombres así.

El "todouncaballero" cogió su ramo de rosas rojas, pagó, y se marchó sin contestar siquiera.

Yo pagué mi gasolina correspondiente y fui al surtidor, para contemplar mientras echaba gasolina como el caballero ejemplar volvía a pitar hasta lo indecible a un chaval joven que intentaba desesperadamente salir de la gasolinera, utilizando para ello unos segundos seguramente vitales para el energúmeno en cuestión.

Aquel día decidí que no quiero cerca de mi radio vital a ningún caballero, por favor.

Menos mal que, por suerte para mí, ya (casi) no quedan hombres como él...



lunes, 17 de enero de 2011

De mayor quiero ser pequeña

Dice mi madre que soy una infantil porque me sé una por una todas las canciones de todas las pelis de Disney, pero yo qué culpa tengo de repasarlas todos los días como quien dice.

Aprendí a hacer integrales pero ya se me ha olvidado porque jamás en mi vida me veré en la tesitura de tener que hacerlas para seguir con vida, pero lo de las canciones de Disney es algo que jamás se me va a olvidar porque en mi trabajo están a la orden del día.
He pensado hasta ponerlo en mi currículum por si algún día me vuelvo a quedar en paro.

Trabajar con la infancia hace que no termines de salir de ella. Sigues comiendo chuches, pintando con los dedos, disfrazándote, viendo pelis de dibujos animados y cantándote el Cantajuegos como si lo pusiesen en la radio.

Me encanta esa parte de mi trabajo, no perder del todo el nexo con mis primeros años de vida.

Esto me permite saltarme las reglas de cuando en cuando y sentirme una niña otra vez: comer con las manos, saltar a la comba, jugar con plastilina y revolcarse en la arena del parque son cosas que no están concebidas para l@s adult@s pero que disfruto muchísimo, porque ahora sí que puedo hacer una figurilla de plastilina que no parezca un churro, y cuando doy a la comba me sé miles de canciones y doy más fuerte que nadie. Una maravilla.

A l@s que trabajamos con peques se nos nota rápido, porque tenemos ese punto infantil que no soltamos porque dejaríamos de ser lo que somos. Se nos reconoce por cosas como las siguientes:

- Solemos vestir con más colores que quienes tienen otros empleos, jamás nos ponemos traje para ir a trabajar y no usamos tacones.

- Respondemos rapidísimamente a preguntas como "¿Quién vive en la piña en el fondo del mar?"

- Podemos hacer prácticamente cualquier cosa con un folio, un lápiz, un poco de celo o cola blanca y unas cuantas piedras.

- Sabemos quienes son "Las Divinas", "Caillou", "Dora la Exploradora", y podemos describir con bastante acierto lo que es un "Gormiti" (digo con bastante acierto porque no creo que ni sus propios creadores sepan describir exactamente lo que son).

- Nos sabemos un montón de juegos, canciones y bailes extrañamente pegadizos.

- Fumamos compulsivamente (hay gente que no, obviamente, pero tarde o temprano empiezan).

- Podemos describir al milímetro cualquier sala del Planetario, el Jardín Botánico, el Museo de Ciencias o el Retiro (y podríamos dibujar de memoria sus árboles caducifolios).

- Decimos frases como "te llamo después del recreo".

- Sabemos un montón de respuestas del Trivial tales como "¿En qué grupo de seres vivos se engloban las lombrices de tierra?" o "¿Cómo se llamaban los sobrinos del Tío Gilito?"



Y otras muchas cosas que se suceden diariamente y que nos hacen salir alguna que otra vez de esta vorágine de locura que es la vida adulta insertada en la sociedad y nos permiten imaginar, soñar, disfrutar y volver hacia atrás un ratito todos los días.

No quisiera perder ese punto nunca, la capacidad de ilusionarme y de mirar con ojos de niña todo lo que sucede a mi alrededor, sentir que nunca dejo de aprender y que cada día se abre ante mí como un abanico de muchos colores. Sentirme pequeña todos los días y que eso me haga grande.


De mayor quiero ser pequeña.


jueves, 9 de diciembre de 2010

La mala educación

Parafraseo a Almodóvar por no parafrasear a Jesucristo por boca de San Mateo, que decía que «Con la medida con que tratéis a los demás, seréis tratados vosotros» (Mt 7, 2).

No es que sea yo una acólita de la Biblia, ojo, pero resulta que en una sociedad en la que más del 70% de sus habitantes se declaran católic@s (aunque no practicantes, ojo, que ir a Misa los domingos por la mañana te descabala la fiesta del sábado anterior) no entiendo por qué la gente se queda con los mensajes más chungos de la religión y obvia otros con los que yo, que integro el 30% restante, estoy tan de acuerdo, no por bíblicos, sino por ciertos. Ay, que bonito sería el mundo si fuese como yo me lo imagino.

Estoy mucho con esta reflexión, creo firmemente en que la vida nos devuelve lo que emitimos, y pese a que no practico el "ojo por ojo, diente por diente" (entre otras cosas porque no me sale), confío en que sean las circunstancias, o las energías o lo que cojones sea quien ponga a cada quien en su sitio.

Hay muchas cosas que me mosquean en la vida, pero una de ellas es la mala educación. No soporto a la gente que no saluda, a quienes roban el sitio en el metro haciéndose l@s loc@s (aquí hay gente con la técnica súper depurada, silban lo que sepan, se hacen l@s dormid@s, se ponen los cascos y como quien no quiere la cosa hacen ventosa con el asiento y ahí se maten personas mayores, embarazadas y personas con muletas), a quienes te putean a posta en la carretera no dejándote incorporarte, a las personas que te hablan de manera grosera sin venir a cuento (aquí tienen un máster algunos conductores de autobús y camareros), a quienes hablan por teléfono a voces en los hospitales... en definitiva, me mosquea la falta de consideración.

Es completamente cierto que "no hay mayor desprecio que no hacer aprecio" (hoy estoy con las frasecitas), y esa me parece una de las peores faltas de respeto del mundo.
Hoy he sentido en mis carnes humanas la sensación de que la gente te ignore, te omitan, se levanten de la mesa cuando llegas.

Sé que no lo hacen por mí, sino por lo que represento, y me digo a mí misma que en cuanto me conozcan un poco la cosa cambiará, pero no puedo con su mala educación, sus desplantes, mi condena (impuesta por ell@s) al ostracismo.

Hoy es de esos días en los que no hay más que pensar...

"BIENAVENTURADOS LOS MISERICORDIOSOS, PORQUE ELLOS ALCANZARAN
MISERICORDIA
"







miércoles, 10 de noviembre de 2010

Alcohol y pedagogía libertaria

Esta mañana, cuando he ido a seguir mi rutina diaria de despertar-iralbaño-lavarmelacara-consultarlosllamamientos, me he encontrado con un mail en mi correo que me mandaba una compañera del colegio en el que yo estudiaba. El mail hablaba de un manifiesto que ha redactado un colectivo de padres y madres para promulgar la pedagogía libertaria en los centros escolares, ya sean privados o públicos. He visto encontrar agujas en pajares con mucha más facilidad.

Mi compañera me mandaba el correo en calidad de madre de alumna (algunas fueron mucho más rápidas de lo que lo somos otras, porque creo que ella se pasó del sector de las alumnas al sector de las madres un par de años después de salir del colegio) y estaba bastante bien planteado, aunque su consecución se me hiciese harto complicada por varias razones.
Para quien no lo conozca, la pedagogía libertaria propone un modelo de escuela basado en el anarcosindicalismo, que entre sus principios encuentran el de autogestión, el de autonomía individual, el de desarrollo comunitario, el de anticapitalismo y el de libertad personal como parte de un colectivo.

El manifiesto incluía las demandas de las familias hacia la escuela en base a estos principios, y entre ellas se encontraban éstas:

- Libertad del individuo. Libertad del individuo pero colectiva es decir teniendo en cuenta a los demás y desde la responsabilidad a vivir en grupo.

- Autonomía del individuo, en contra de las dependencias jerarquizadas y asumidas, cada individuo tiene derechos y obligaciones asumidas voluntariamente, responsabilidad colectiva y respeto. Las personas afrontan sus propios problemas, crean sus propias convicciones y razonamientos.


A ver, si a mí me preguntasen, me parece que éste modelo es, más que ideal, idílico. Es cierto que la pedagogía libertaria se ha llevado a cabo en entornos muy concretos con resultados viables (el caso más conocido es la escuela Sumerhill, Reino Unido, 1921-actualidad), pero en otros entornos sería necesario echar la sociedad abajo y de nuevo arriba para viabilizarlo.

Los principios de autogestión, libertad y desarrollo comunitario me parecen maravillosos, y de hecho pienso que éstos sí se pueden llevar a cabo en la escuela actual, pero me asaltan dudas de cómo calaría ésto en los chavales de hoy en día, cada vez menos responsables, menos estimulados y menos maduros. ¿Cómo hacer entonces que adquieran responsabilidades grupales si son incapaces de asumir las propias?

Conste que pienso que la culpa de ésto la tenemos a partes iguales sus padres y la sociedad. Pensamos que los niños/as "no saben", "no conocen", "no entienden", y que se lo tenemos que dar todo hecho. Cuando de verdad demandan nuestra atención (y quienes nos dedicamos a la educación sabemos que ésto ocurre con frecuencia) les enchufamos a la tele, o al ordenador o a la consola, y no les escuchamos.

El año pasado me tocó trabajar en una escuela rural. Le dedicaré un post sólo a contar lo que fue mi experiencia, pero aprendí un montón acerca de muchas cosas. El cole era lo que llamamos un "línea uno", es decir, con una clase de cada curso, por lo que en total habría unos 120 niños/as en todo el cole más o menos.

Como llegué para sustituir a la jefa de estudios, me asignaron la mitad de mis horas de impartición (¿se dice así?) en 6º y la otra mitad de apoyos en infantil.

De entre l@s profes de primaria, la que más tiempo pasaba en infantil era yo, y me los conocía a todos, así que cuando alguna de las tres profes de ese ciclo faltaba a clase, me solían poner a mí las sustituciones. Si yo no me dediqué a la educación infantil fue por algo, pero el caso es que descubrí un mundo nuevo en esas clases llenas de peluches y plastilinas chupadas.

Un día se dio de baja la profe de 2º de infantil (4 años), porque el día anterior haciendo un baile le había dado un tirón en el cuello que se había quedado como la niña del Exorcista, con la cabeza mirando hacia atrás. La pobre estuvo en casa una semana y me mandaron a mí a sustituirla.

Lo que más me gusta de infantil es la asamblea. La asamblea es una dinámica que se sigue en infantil cada mañana: los niños/as se sientan en círculo con el/la profesora y realizan una serie de rutinas, hablan sobre el día anterior, sobre lo que van a hacer ese día, evalúan o planifican actividades. A mí me parece un espacio maravilloso que debería llevarse a la práctica en otros ciclos (ésto también lo plantea la pedagogía libertaria) en el que conocemos muchas cosas de los/as peques.

Recuerdo que una mañana de esta sustitución, les pedí que quien quisiese cantara una canción, la que le apeteciese, porque a mí me gusta mucho que los niños y niñas canten, y más en el colegio. Algunos cantaron, otros no, y yo les dije que para el día siguiente, si les apetecía, les pidiesen a las familias que les enseñasen una canción para cantarla en la asamblea.

Al día siguiente, los que el día anterior no habían cantado ninguna canción la cantaron, todos menos un niño que no se terminaba de decidir a cantar, y que cabe destacar que era uno de los más participativos y dinámicos del grupo. A mí me extrañó, pero tampoco le quise obligar.

Más tarde, cuando terminó la asamblea y empezamos a hacer una ficha, estaban sùper concentrados coloreando y yo paseando por las mesas, cuando de repente oigo a este niño que no quería cantar...cantando. Me acerco sigilosamente y le oigo cantar:

"Alcohol, alcohol, alcohol alcohol alcohol, hemos venido a emborracharnos, ¡el resultado nos da igual!"

Por si alguien no conoce la cancioncita, es un estribillo que se entona en los botellones, fiestas y demás jolgorios por los borrachos/as de turno.

Cuando le pregunté que de dónde había sacado esa canción, me dijo que era la que sus padres le habían enseñado para la asamblea, lo que no sé es si lo hicieron en plan coña o porque realmente no se sabían otra. El caso es que el muchacho se la había cantado antes de entrar en el cole a otra profe y ella había puesto cara extraña, así que el pobre me decía:

- A la profe Fulanita no le ha gustado mi canción... ¿es que dice alguna palabrota?

Y yo le expliqué que no, que no decía palabrotas, pero que no era una canción para niños/as porque no decía nada feo pero tampoco nada bonito, y que le iba a enseñar yo una estupenda para cantar en su casa, en la asamblea y en casa del rey si hacía falta.

¿Cómo voy a pretender que esta clase de padres eduque a sus hijos/as en la responsabilidad y en la autogestión, cuando son incapaces de autogestionarse ellos?

Sería precioso que Summerhill estuviera en cada rincón de nuestros centros educativos, pero todavía hay mucho "alcohol" que destilar para que esto ocurra.