"Pido perdón a los niños por haber dedicado este blog a personas mayores. (...) quiero dedicar este blog a los niños y niñas que estas personas han sido. Todas las personas mayores fueron primero niños (pero pocas lo recuerdan). Corrijo entonces mi dedicatoria."

Adaptación de la dedicatoria del libro "El Principito", de Antoine Saint-Exupéry




sábado, 21 de enero de 2012

El día en que volví a nacer

Ayer por la tarde, a la hora de comer, salí con mi amiga y orientadora del cole, M. hacia un polígono industrial situado en el noroeste de Madrid. Estamos creando un material que va a ser la releche para el cole y andamos de polígono en polígono, de fábirca en fábrica y de cuchitril en cuchitril racaneando unos céntimos de cada pieza, de cada remache, de cada cinta de doble cara que queremos utilizar, para ver si podemos ajustar el presupuesto y nos dejan sacarlo como nosotras queremos. Decidimos ir el viernes por la mañana para dedicarle todo el día, pero donde manda patrón no manda marinero y nuestra directora nos pidió que estuviésemos por la mañana en el cole para resolver un par de asuntos y nos marchásemos por la tarde.

El coche de M. se había quedado tirado por la mañana, así que mi pobre cochecillo era lo único en lo que se podía confiar para desplazarnos. Tirando de orientación y de rezos varios, nos encaminamos hacia el puñetero polígono, que por supuesto estaba completamente escondido y completamente mal indicado, algo que por cierto yo no entenderé jamás, cómo no señalizan bien esas moles de fábricas que ya se ven desde la carretera pero que, inexplicablemente, cuanto más crees que te acercas más lejos te mandan, y tú vas en línea recta hacia el polígono y de repente ¡zasca!, cuando estabas enfrente, a medio metro de la entrada, resulta que ese no era el camino, la carretera hace una curva maligna y pronunciadísima y te vuelves a la nacional cagándote en todas las personas que se dedican a señalizar los caminos.

Con bastante acierto y pocas pérdidas, conseguimos llegar al polígono, pero ¡ah!, amigos y amigas, una vez que entramos, aquello era otro nuevo mundo. Miles de calles, callecitas, callejuelas, recovecos y fondos de saco nos esperaban para devolvernos una y otra vez a la puerta del polígono sin dejarnos entrar en el centro neurálgico. Pasada media hora yo ya estaba sacando un San Pancracio que me regaló mi abuela con la obligación de llevarlo en el coche (me hace inspecciones sorpresa para ver si lo sigo llevando) para ponerle dos velas o tres, porque lo terrenal parecía no estar de nuestra parte.

Al final ocurrió lo que tenía que ocurrir: en una de las incursiones me desvié y me salí del polígono otra vez. Qué desazón. Fui a parar a una carreterucha de las que yo llamo "interpueblos", esas comarcales cutres, estrechas, llenas de tierra y sin señalizar, pero a lo lejos ví una rotonda y decidí seguir recto por allí para dar la vuelta y, como en las tómbolas. probar suerte una vez más.

La señal marcaba 60 km/h como velocidad obligatoria, la visibilidad era complicada por culpa de los baches y cambios de rasante y la carretera aparecía despejada. Yo iba concentradísima en no pasarme la rotonda cuando, de repente, un coche apareció de la nada detrás de mí a una velocidad a la que yo no iría ni por una carretera nacional.

En una fracción de segundo pasaron mil cosas: el conductor del coche se encontró con el mío, no consigiuió frenar a tiempo, intentó adelantarme para no embestirme por detrás, invadió el carril contrario desplazando mi coche hacia el arcén, trató de frenar, derrapó, volvió a frenar, de dirigió hacia el arcén, salió disparado hacia lo alto, en dirección a un campo de cabras, comenzó a caer, impactó contra el suelo, saltaron mil piezas y aún así, recuperó el control de lo poco de coche que quedaba y salió disparado de nuevo hacia mi coche, que mientras tanto salía de la carretera y se paraba lentamente en un banco de arena.

Me quedé tan bloqueada que me dieron ganas de salir corriendo. M. me increpaba:

- ¡¡Que lo mismo se ha matado!! ¡¡Que se ha matado!!

Y en cuanto nuestro coche se paró y nos vimos bien, M. salió disparada hacia el otro coche para comprobar si el conductor estaba bien. Yo, mientras tanto, permanecía parada, callada, quieta en mi asiento.

No hizo falta buscar al conductor: salió como un loco del coche, gritando y haciendo aspavientos, con un hilo de sangre cayendo por uno de sus brazos pero asombrosamente vivo, entero y de muy mala hostia.

Lo que viene después es casi peor: que si la culpa es tuya por ir muy despacio, que si la culpa es tuya por ir muy rápido, que si dame tus datos, que si no me da la gana, que si llamo a mi padre (de hecho lo hizo), que si llamo yo a mi seguro, que si te denuncio, que si te escupo, en fin, cosas desagradables más fruto de los nervios yo creo que de la misma realidad.

Al final, con el bloqueo y el impacto en el maletero, conseguimos salir de allí ilesas y recoger el material que necesitábamos.

Recuerdo que la primera vez que supe que existía Steve Jobs (fundador de Apple fallecido el pasado año, como ya sabéis) fue a través de un mail que me mandaron en el que adjuntaban un vídeo en el que Jobs daba una conferencia a algunos estudiantes de la Universidad de Standford en el día de su graduación. Supe que ese hombre existía porque se me quedó una frase grabada: uno o una de l@s estudiantes le preguntaba que cómo había sabido tomar siempre las decisiones correctas, desechando oportunidades aparentemente maravillosas y lanzándose de cabeza a lo que parecía el fracaso. El tipo contestaba:


"Me miro al espejo todas las mañanas y me pregunto, ¿si hoy fuese mi último día, querría hacer lo que voy a hacer hoy? Si pasan varios días y la respuesta es no, sé que tengo que cambiar algo".



Ayer, mientras veía al conductor volar y mi coche perdía el control, no vi pasar mi vida en imágenes como dicen que ocurre en estos casos. Vi pasar mi futuro. Me vi pensando en qué haría yo si hoy fuese el último día de mi vida, Si estaría haciendo ésto que hago ahora mismo. Con qué personas invertiría mis últimas horas. En qué trabajo dejaría mis últimos esfuerzos. En qué ciudad me gustaría ver el sol por última vez. En qué cama soñaría mis últimas locuras. Por qué derrocharía mis últimas lágrimas y a quién dedicaría la que seguro que sería mi mejor sonrisa.


Esos son los objetivos que marcarse en una etapa, de verdad que sí. Ayer volví a nacer, pero no en el plano físico, porque en fin, nunca he tenido un accidente y en éste no me ha pasado nada, algún moratón de los baches y poco más, ni siquiera mi coche ha sufrido demasiado. Pero en otros planos, sí que he vuelto a nacer.

Porque sólo dejando de lado lo superficial se llega a la esencia.

Porque sólo dejando morir se puede volver a nacer.




miércoles, 4 de enero de 2012

El año del 3

El año 2012 ha empezado, y lo ha hecho bien. O quizá lo que terminó bien fue el 2011, no lo tengo del todo claro. Por fin queda atrás un año de autoconocimiento, de reflexión y de experiencias, y ya se sabe lo que pasa con los experimentos, que a veces salen muy bien y otras veces salen sólo regular.

Anoche, en el insomnio que provocan las mariposillas de estómago, escuchaba a Esperanza Gracia hablar de lo que va a ser este año. Esperanza Gracia es una señora que te da el horóscopo por la tele varias veces al día, que tiene líneas de llamadas, mensajes, videoconferencia, contestador y aplicación propia para Iphone pero que es incapaz de grabar un programa nuevo todos los días, así que varias veces a la semana da el mismo horóscopo. Esto puede ser un problemón, porque un lunes te dice que arriesgues del todo en los juegos de azar, tú apuestas los ahorros de una vida y luego el martes te vuelve a decir lo mismo porque el programa es repetido, y claro, ya no sabes si el día era el lunes o el martes y si algún día recuperarás aquel fondo que hiciste cuando dejaste de fumar con la esperanza de viajar al Caribe y surcar en un barco sus aguas cristalinas y que ahora te has gastado jugando a las 7 y media.

El futuro es peligroso cuando intentamos modificarlo desde el presente.

La cuestión es que Esperanza Gracia dijo una sarta de cosas que no voy a reproducir (pero os advierto que la lotería del Niño nos va a tocar a l@s Virgo, Capricornios y Géminis, por si queréis compraros un décimo. Luego no digáis que no avisé.) y que seguramente tengan tantas interpretaciones como personas poblamos la Tierra, pero sí dijo una interesante que ya nos había contado Cris en la última clase de yoga del año: según la numerología tántrica, el año 2012 es el año del regalo del 3, la Mente Positiva (1+2).

La Mente Positiva, porque es, como decía, algo así como el regalo que nos trae este año. Podría parecer tan sencillo como decir que "mente positiva" significa "don´t worry, be happy" pero no lo es. Esto es lo que significa el regalo que nos trae el 2012 para los seres humanos:

  • El 3 en regalo es muy positivo.
  •  Aman a su prójimo. 
  • Ven  a la Humanidad como un todo. 
  • No importa lo que pase, ellos siempre mantendrán una actitud mental positiva. 
  • Su actitud  es de seguir adelante, pase lo que pase. 
  • Podrán escuchar y ayudar al ser más negativo, sin que esto los influya.

La verdad es que como regalo no está nada mal. El 3 es un número numerológicamente (valga la redundancia)hablando muy positivo que a mí me sugiere varias cosas: superación, confianza, valor. No importa lo que nos venga (que va a ser fino filipino) ni lo que ocurra si confiamos y vamos como en Fuenteovejuna, tod@s a una. El otro día veía en la tele a una periodista que le preguntaba al Dalai Lama cuál era su consejo para este año nuevo. El hombre dijo algo que me pareció maravilloso:

"Aunque vengan malos tiempos, tenemos que unirnos y hacer que los luchadores nos convirtamos en imprescindibles".


Con esa máxima empiezo este año y os animo a uniros. El desasosiego ya está aquí, así que ¿por qué no hacerle frente? El año 2012 viene con un regalo maravilloso de unión, amor y algodones de azúcar por todas partes. Es tiempo se secarse las lágrimas, sorberse los mocos y seguir construyendo el mundo que queremos tener.


Voy a escribirle un mensaje a Esperanza Gracia, a ver qué opina ella de todo ésto.

sábado, 31 de diciembre de 2011

El Libro de los sueños

Me propuso mi amiga M. (a la que quiero y adoro porsiemprejamás, como las teenagers de las películas americanas) hace unos días la idea de terminar el año realizando un Libro de sueños. Por lo visto es algo muy común entre esa especie humana aparte que son l@s american@s, que como todo lo que hay en su país es tan caro, pasan mucho tiempo en casa y se inventan cosas tan creativas y dañinas para la salud como los cupcakes (que no son otra cosa que magdalenas de colores, y siento decir que eso ya lo comercializó Panrico con la Pantera Rosaa, el Bony y el Tigretón hace un huevo de años con resultados inmejorables), el pavo relleno o la tradición del "truco o trato", en la que cientos de criaturas infantiles (y personas de edades variadas) torturan a la vecindad quemando timbres y lanzando huevos podridos si no les les llena de chucherías y dulces inmediatamente sus siniestras bolsas de papel con formas de cosas raras.

Pues parece que entre sus miles de tradiciones, una de ellas, la única un poco bonita, es la del Libro de sueños. Ese libro (que no es un libro sino una cartulina, cartón o soporte cualquiera, ya digo que son gente rara) se realiza en varias sesiones, y en él se dibuja, se escribe, se pega recortes o fotografías de sueños, metas o rasgos característicos de una misma. Yo le dije a M. que luego lo teníamos que enterrar secretamente en un cofre al pie de un árbol centenario para abrirlo dentro de 30 años, que es lo que yo he visto hacer en las películas a la gente, pero luego decidimos no hacerlo porque en Madrid no hay árboles centenarios, y los únicos un poco cercanos a las dos (no nos vamos a ir a la sierra con este frío) están en el Retiro, parque en el cual te pones a escarbar al lado de un árbol y se te echan encima los colectivos ecologistas y la policía municipal a partes iguales por perturbar el ecosistema, así que decidimos hacerlo en su casa y guardarlo para retomarlo más adelante. Mientras tanto lo enterraremos secretamente en un cajoncito de casa, que es lo que hacemos con todo lo importante, a riesgo de esconderlo con tanta precisión que jamás lo volveremos a encontrar hasta la próxima mudanza.

Es un poco complejo pensar en los sueños que tiene una. Yo ya he contado en otros posts que me da un poco de miedo hacer estas cosas, porque luego lo veo dentro de unos años y lo mismo me deprimo de no haber logrado ni uno, o lo mismo he cambiado tanto que no me reconozco. A mí, por dramas, que no sea.

El caso es que nos hemos metido, nos hemos metido, y casi se nos ha olvidado cenar. Tengo purpurina hasta en las bragas, pero eso no me importa porque la purpurina es básica en la vida de una maestra y eso es así. Estoy acostumbrada a ir día sí y día también manchada de pintura, pegamento, rotulador y mocos, igual que estoy acostumbrada a desayunar por las mañanas. Forma parte de mi existencia.

La experiencia es muy recomendable, aunque sólo sea por reflexionar todos los años un poquito sobre lo que una es, lo que espera ser y lo que ya fue y no es ahora (o sí). Yo tengo tantos sueños que una cartulina no puede contenerlos, pero imagino que antes de soñar tengo que cerrar los ojos y dejarme llevar, que es lo complicado.

Mañana empieza un año nuevo, como siempre lleno de buenos propósitos y de cosas por hacer. Este año yo no quiero desear nada a nadie, sino agradecer todo lo que ha sido este año, que no ha sido el mejor ni el peor, pero que me ha enseñado un montón de cosas. Atrás quedan tantos sueños cumplidos como los que quedan por cumplir.

Por lo pronto, lo primero que he escrito en mi libro de sueños ha sido "Mañana". Y encima de esa palabra, he escrito otra aún más importante: HOY.

Espero que el año que entra esté lleno de sueños cumplidos para todos y todas. Y que viváis el HOY.


Por algo se empieza.


sábado, 24 de diciembre de 2011

Feliz Navidad

Estaba escribiendo un post navideño, pero he decidido borrarlo.


Esto es todo lo que quiero decir sobre y para la Navidad: nunca pierdas las ganas de ser tú, las ganas de vivir tu vida como quieras vivirla, la sonrisa y las lágrimas. Nunca pierdas lo que eres.


Muy feliz Navidad a todos y a todas.


http://www.youtube.com/watch?v=OAu_3Fz4vgE

jueves, 8 de diciembre de 2011

El fin del mundo

El tiempo pasa volando, y sin darme cuenta mi blog cumplió un año, ni siquiera pude dedicarle una entrada en el día de su aniversario,¡vaya mamá bloguera estoy hecha!

En estas semanas han pasado muchas cosas: nuestra amiga Hasa volvió a Guinea, cuenta su madre que ni siquiera miró hacia atrás y que se fue con el corazón latiendo al compás del tintineo de las cajas llenas de regalos que llevó a su familia.

El otoño llegó, y tan lentamente que Madrid se ha vestido de mil colores y me quedo embobada mirando por la ventana del coche a riesgo de chocar con alguien. L@s niñ@s se lo pasan en grande recogiendo hojas y piñones, y el cole se ha vestido de collages para celebrarlo.

Los grandes almacenes también han cambiado de traje, pero para sumarse a la Navidad y al bucle de consumo desorbitado que cada vez empieza antes. En el cole suenan los primeros villancicos para ensayar las funciones a las que acabaremos cogiendo tirria de tanto ensayar, pero en las que nos emocionaremos como todos los años. El primer trimestre se va terminando y la sensación de que el tiempo pasa volando es cada vez más patente.

Algo importante pasó también hace unos días: por fin llegó el día 11/11/11, que según muchas profecías y estudios varios de numerología,era un día mágico que marcaba el inicio de una nueva época. Me parece una putada que eso sea así, porque teniendo en cuenta que el mundo va a terminar en 2012 según esas mismas profecías nos dejan poco tiempo para disfrutar del cambio, o eso creo yo.

Lo del 2012 yo lo tengo claro: este mundo se acaba. No quiero decir que crea en el armaggedon que va a destruir el planeta Tierra irremediablemente, pero que el mundo tal y como lo conocemos a cambiar, eso lo tengo tan claro como que estoy escribiendo ahora mismo.

El cambio ya ha empezado: la crisis que asola el mundo está poniendo a todos los seres humanos en jaque, y eso quiere decir que estamos tocando fondo. Vivimos con una angustia que no nos deja disfrutar, y donde quiera que vayas se palpa la desilusión en todos los rincones: desde el conductor del autobús a la carnicera todo el mundo coincide en que la cosa está muy mala y que son tiempos difíciles, aunque claro, esto sólo se aplica a l@s que siempre están putead@s, porque anoche fui al cine a la última sesión y me costó tres o cuatro vueltas a la manzana encontrar un sitio para aparcar, y todo esto teniendo en cuenta que mi coche es del tamaño aproximado de una pastilla de jabón de manos, por lo que en cualquier sitio lo suelo calzar. El cine estaba hasta arriba y decenas de familias y parejas disfrutaban de una película mientras las mismas familias y parejas de siempre no pueden disfrutar siquiera de una casa decente. Qué paradójico todo.

Por eso yo tengo la firme opinión (y la secreta esperanza) de que todo el bucle de desesperación y opulencia chorra termine en 2012. Me ha dicho Cris, mi profe de yoga, que encima el fin del mundo está previsto para finales de ese año, así que todavía tendremos que esperar un montón de tiempo más.

Cuando una sabe que va a ocurrir algo y quiere informarse hace lo que debe hacer: buscar en google. Lo que no viene en google simplemente no existe, y de esa burra no me bajo yo por los siglos de los siglos amén. Me puse a investigar sobre el fin del mundo y resulta que hay de todo: gentuza aprovechada que ha editado una guía para sobrevivir a esta hecatombe, teorías varias, páginas escépticas que instan a seguir la vida con normalidad, blogs tremendistas que alquilan bunkers para sobrevivir y enlaces a los escritos mayas para refutar lo que de por sí es evidente: este mundo se termina, pero no desaparece. Con suerte cambia, evoluciona, muda de piel, como todos los seres vivos de este planeta. Todos los seres vivos tienen un ciclo.

Cuando yo explico los tediosos temas de historia a mis chavales y chavalas mayores, siempre les digo que el ser humano en la historia es como una persona creciendo: empieza estando en pañales, con mucha más inocencia y por tanto menos maldad, más impulsos (y por tanto más aciertos) y menos premeditación (y por tanto menos putadas a personas ajenas) pero también menos recursos elaborados, y por tanto menos facilidades, como en la Prehistoria y quizá en la Edad Antigua. Continúa hasta llegar a la niñez, donde empieza a tener autonomía pero aún depende de entes superiores. Es la etapa donde más ciegamente se cree en todo lo que no se conoce, principalmente en Dios o en dioses varios, se vive por la salvación y en contra de los castigos, el auge de la religiosidad, la Edad Media. Después pasa a la adolescencia, esa etapa donde los dilemas se multiplican pero también las ganas de crecer, de ser más y mejor, de evolucionar; he ahí la Edad Contemporánea, nuestra etapa. A continuación se accede a la edad adulta, la más amplia de todas, la que está ocurriendo, en la que ya se ha aprendido mucho, se ha abierto un mundo de posibilidades, se ha perdido fe y ganado seguridad, pero también han crecido los prejuicios, los miedos, el ansia de poder y las incertidumbres.

Todas las fases, edades, etapas, tienen algo positivo y algo negativo. Pero está claro que ahora se abre ante nosotr@s un mundo nuevo, una etapa nueva que explorar, y que somos conscientes de que algo está pasando.

Quizá, como dicen, nunca hay que perder al niño o la niña que llevamos dentro.

Quizá es momento de terminar.

Quizá, por eso, es momento de empezar.



domingo, 30 de octubre de 2011

Querido habitante 7.000 millones

Querido Habitante 7.000 millones:

Tu nacimiento está previsto para el lunes, pero permíteme que te vaya saludando: bienvenido o bienvenida a este planeta.

Como vas a llegar de nuevas, no sabes a dónde vienes a vivir. Vas a ser importante, inauguras un nuevo millón de habitantes en la Tierra, que es el único planeta habitado de nuestro Sistema Solar, o al menos eso es lo que la mayoría de la gente dice. Si me preguntan a mí, creo que seguramente hay vida en otros planetas, pero una vida tan inteligente que no quiere aparecerse por la Tierra ni por asomo.

Querido amigo o amiga, tu nueva vida en la Tierra va a ser muy movida, ya verás. Vas a tener otros 6.999.999.999 amigos o amigas, aunque depende del país en el que nazcas te permitirán que te lleves bien sólo con unos o sólo con otros. Si naces en un país occidental es posible que acabes odiando a los inmigrantes africanos y asiáticos que vienen buscando una vida mejor, aunque también es posible que apadrines a un niño o niña africano o asiático con cualquier ONG para darles esa vida mejor. Dirás que qué contradicción, pero así funcionan las cosas.

También tienes que saber que de todos los amigos y amigas que viven en tu mismo planeta, más de la mitad viven en el umbral de la pobreza, y sólo una pequeña porción viven con todo lujo de posesiones. Más de una séptima parte viven en condiciones de absoluta insalubridad, mientras que un 1% de la población vive con el mismo dinero con el que toda la gente de la que te acabo de hablar viviría toda la vida. Ésto también es una contradicción, pero permíteme que te diga que sólo con la unión de polos opuestos se consigue el equilibrio. A menos, claro está, que todos y todas tuviésemos lo mismo. Pero nada, olvídate, eso es imposible, o al menos eso dicen.

Depende del lugar del mundo en el que nazcas, creerás en Dios o no, y depende del país en el que nazcas llamarás a Dios de una forma u otra, puede que incluso te enfrentes con otras personas por el nombre de ese Dios, y lo peor de todo, en el nombre de es Dios.
¿Sabes? Yo creo que todo el mundo cree en Dios, lo que pasa es que se pierden en los nombres, que por cierto es algo que pasa mucho en este planeta. Nos encanta llamar a las cosas asi o asá, y no creas que llegamos a una conclusión rápida, por norma general entramos en guerras y bloqueos de todo tipo para defender nuestra postura. Hay países que ya ni recuerdan por qué están en guerra, pero siguen matándose unos a otros. Esa es otra, querido amigo o amiga: en nuestro planeta mueren más de 100.000 personas diarias, pero te sorprendería saber que sólo la mitad lo hacen de muerte natural. El resto fallecen víctimas de epidemias, conflictos armados, atentados, acciones violentas o cómo no, a manos de otras personas.

Por otro lado, nacen el doble de las personas que mueren, como tú. Eso es una buena noticia, ¿no crees? Según mis cuentas nacen más de 200.000 personas al día, aunque con el panorama que te estoy mostrando no parece demasiado alentador, ¿verdad? Además hay que tener en cuenta que de esas más de 200.000 personas que van a nacer hoy, algunas verán su vida marcada negativamente porque nacerán mujeres, o negros, o discapacitados, o simplemente pobres. Dirás que es una locura que alguien vea su vida condicionada simplemente por ser como es, sin haberlo elegido. Te repito que nuestro mundo está loco.

Ahora llegas en un momento un poco complicado, aunque no te preocupes, ya nos ha pasado varias veces a lo largo de nuestra Historia y al final hemos salido de ello, pero a la gente no le interesa su historia. Estamos en crisis, que es lo que ocurre cuando no se sabe cómo resolver una situación. Hay personas acostumbradas a entrar en crisis, así que esas personas se lo toman mejor. Otras están demasiado acostumbradas a que las cosas funcionen, así que en cuanto algo falla se ponen nerviosas. Hay otras personas que pasan de las demás mientras sus cosas funcionen. Hay mucha gente en este mundo, querido amigo o amiga, ya los irás conociendo.

Si naces en una familia, puedes sentirte muy feliz. No todos los seres humanos tienen la suerte de nacer en una familia que les quiera y celebre su nacimiento. Hay muchas personas que no tienen familia, o la tienen "de mentira", como dirían mis alumn@s, y la familia es muy importante, ¿sabes? Te apoyan siempre, en todo, y te quieren por lo que eres y no por quién eres. Ésto te parecerá muy complicado, pero ya verás qué pronto lo entiendes.

Nazcas donde nazcas, seguro que te fuerzan a consumir. Consumir es tener más y más cosas, cosas incluso que no necesitas, porque lo importante es tener cosas materiales para suplir el vacío que se crea cuando no tienes lleno el espíritu. El espíritu es difícil de definir, aunque yo lo entiendo como un conjunto de sentimientos y sensaciones: autoestima, fuerza, seguridad, honestidad, amor, paz y otras muchas. Cuando el espíritu flojea es cuando más te apetece consumir, pero espero que te des cuenta pronto de que merece más la pena que dediques tu vida a cultivar tu espíritu que tus posesiones, porque al final de todo, tú eres lo único que tendrás siempre contigo, y es algo importante cuidar de lo que con toda seguridad vas a tener siempre.

Espero que nazcas donde nazcas, te rodee gente que te quiera. El amor es uno de los temas más importantes para los seres humanos, por no decir el que más. Te pasarás la vida buscando el amor porque es lo que hacemos todas las personas, aunque espero que te des cuenta muy pronto de que el amor está en todas partes, en todas las personas que te quieren y a las que quieres, en los animales, en las plantas, en los objetos, en las energías y sobre todo, sobre todo, está en tí. Espero que te des cuenta muy pronto de que estás en la Tierra para dar y recibir, y que las cosas son mucho mejores cuando eso que das y recibes es amor. Y que lo demás está de adorno.

Lo dicho, querido amigo o amiga. Bienvenid@ a este mundo. Te deseo lo mejor. Y que seas muy feliz.



jueves, 27 de octubre de 2011

Soy yogini

Según los escritos, "Yogini es una palabra que se refiere a las mujeres que dedican parte de su vida a buscar el bienestar, al conocimiento interior y al bienestar espiritual". Pues eso, que soy yogini, o eso dice Cris, nuestra profe de yoga.


Lo de hacer yoga vino de parte de mi fisioterapeuta. Un fisioterapeuta es una persona que te palpa una parte del cuerpo, preferentemente musculada, que tienes llenas de contracturas, nudos y dolores, después te apalea, te retuerce y te machaca y encima te cobra por ello. Una clínica de fisioterapia es un lugar en el que entras con el cuerpo hecho polvo y pensando que no puedes estar peor y sales con el cuerpo hecho polvo y constatando que sí, que podías estar peor. Sólo mi fisioterapeuta y mi prima B., que también es fisio, son capaces de tocarte sin hacerte (demasiado) daño. El resto, a la hoguera.


Mi fisio, un chaval encantador que no sólo no hace daño sino que te hace volver a creer en la vida y volver a girar el cuello con pasmosa normalidad, me dijo después de darme la millonésima sesión para descontracturarme:


- Tienes que hacer algún ejercicio específico de estiramientos o tendrás contracturas toda tu vida. Elige entre pilates, natación y yoga.




La natación no me gusta, y lo sé. Durante años nadé en mi época colegial y me aburría como una ostra. Existe una línea muy delgada entre la relajación y el aburrimiento, y yo la sobrepasé demasiado rápido cuando nadaba. Además de aburrirme, me congelaba en invierno con el pelo mojado, me tenía que depilar a la perfección todo el año y el bañador es una prenda incómoda, así que ni siquiera se me pasó por la cabeza dedicarme a hacer largos.


El pilates me cae mal. Dirá mi amigo Fer que el pilates es marvilloso, que se conoce gente maravillosa (o no) y que es sanísimo, pero aunque le adore y le de la razón siempre, en este caso no me da la gana aceptarlo porque el pilates engaña: te lo venden como algo relajado y equilibrado y es la clásica gimnasia de siempre pero haciéndote ver que no la haces, total, una vil mentira de la que sales sudando a litros.


Con este panorama me decidí por probar el yoga.
R. y yo nos calzamos las mallas (prenda que nunca sentó bien hasta que Decathlon sacó mallas de todo tipo y pelaje y consigues dejar de parecer una abuela en clase de gym-jazz) y empezamos por ir a una clase de Hatha yoga en un centro cerca de casa con muy buena pinta. Al entrar, nos hicieron quitar los zapatos y los calcetines y dejarlos en una especie de estantería de tela, muy propia de Ikea. Después pasamos a una sala donde varias mujeres de una edad considerable se abalanzaban, literalmente, sobre una montaña de mantas para escoger la mejor. Buscamos un sitio discreto, cogimos una manta y esperamos a que la eminencia docente hiciera su aparición.

El profesor, un tal Guru Himayinar (nombre ficticio, pero por ahí era) de nombre Manolo Díaz (también ficticio, pero también era del estilo) surgió de repente (lo juro, no caminó, no entró, simplemente surgió) y comenzó a cantar con una voz grave y melodiosa que nos hipnotizó al minuto. Nos hizo repetir unos cuantos cantos sin darnos explicación ninguna (ahora sé que esos cantos se llaman mantras) y acto seguido empezó a contorsionarse para nuestro asombro. Por si acaso no había sido suficiente, las mujeres, aparentemente rígidas como varas, comenzaron a imitarle, y creedme, yo no llego ni de coña a donde aquellas mujeres llegaban. Lo de ponerme la pierna en la oreja ya ni lo comento.


Después de flipar en colores durante hora y media, salimos de aquella clase para no volver. No es que la cosa nos hubiera disgustado demasiado, pero los 55€ que cobraban mensuales por ir un día semanal a partirnos el esternón nos parecieron desorbitados.


Pocos días después, y tras la segunda charleta de mi fisio, probé en un segundo centro. El sitio era muy acogedor, un pisito también cerca de casa en el que una mujer guapísima, rubísima y delgadísima me recibió con una sonrisa. Fui a entrar hasta la sala que intuí al fondo y casi me da un infarto:


- ¡¡¡¡¡¡NO ENTRES!!!!!!!! -sonó un grito detrás de mi espalda.


Me quedé clavadita en el sitio.


- Quítate primero los zapatos, que la energía de la calle es mejor que no entre a la sala - me dijo la profesora con voz ya un poco más dulce.


Me dejó muerta. Una coas es una cosa y otra cosa es otra, así que tal cual me volví a poner los zapatos y me fui a mi casa dejando a la rubia espectacular con la palabra en la boca.


En las siguientes semanas R. y yo probamos diferentes sitios, desde sesiones maratonianas de Bikram yoga (un tipo de yoga que se practica en una habitación caliente, vamos, lo que es una sauna de toda la vida, para prevenir lesiones, contracturas y dolores varios. Sólo os digo que lo probéis. L@s que sobreviváis, ya me contáis qué tal la experiencia) hasta sesiones de Hatha yoga (el que habíamos hecho en el primer centro, un tipo de yoga principalmente postural, lo que los antiguos gurús hacían para descontracturar el cuerpo y meditar profundamente) impartidas en gimnasios, donde lo más parecido a la relajación es la ducha.

Yo ya estaba desesperada. No me había gastado aún un duro (aprovechaba la clásica clase de prueba que regalan en casi todos los lugares) pero mi objetivo, que era encontrar un buen lugar para hacer yoga, seguía sin ser conseguido. He de decir que terminé por pensar que el yoga era algo absurdo y que no era para mí. Mi amiga R. estaba también desesperada y cansada de ir de lado a lado rodeándose de gente de lo más variopinta. Mis contracturas iban a peor y mi fisio cada vez insistía más en la necesidad de hacer algún ejercicio de espalda. 

Para quitarme el estrés acompañé a mi amiga M.a ver a una colega que había conocido en un curso hacía relativamente poco. Llegamos a su casa y, hablando con ella, me contó que era profesora de Kundalini yoga (un tipo de yoga que mezcla de forma equilibrada meditación y ejercicios de muchos tipos) y me comentó:


- Pues tengo ganas de montar un grupillo de Kundalini yoga, con poca gente y no muy caro. Si te interesa me dices y te aviso cuando lo monte.




El cielo se me abrió. Es de esas veces que tienes una palpitación de "Ésta es la buena". Como cuando te has comido unas cuantas pipas agrias y llegas a una que dices "ésta no va a saber a palo, ésta me quita el mal sabor". Le dije que sí al instante.


Poco tiempo después recibí un correo suyo. El grupo empezaba, me dijo, y tuve que hacer durante unos meses malabrismos con mi horario en el cole para llegar a clase, que sólo se impartía en un horario determinado que me coincidía con las clases.


Ahí descubrí que el yoga era lo mío.


No sabría describiros la sensación que se siente cuando todas las personas que estamos ahí conectamos, y os juro que se conecta. Nos contorsionamos, nos estiramos, sudamos como pollos, nos marcamos, nos relacionamos (o no), nos escuchamos, nos comunicamos sin hablar. Y sobre todo, el yoga, en todas sus variantes, es un ejercicio de superación. Creedme cuando digo que más de una vez he pensado que me rompía un hueso, o que nunca más podría devolverle a una parte del cuerpo su forma original viendo la contorsión que estaba experimentando. Estar cada segundo haciendo un ejercicio o montando una postura es un arma que se hace bastante más poderosa cuando la llevas a la vida, en esos momentos en los que crees que no puedes más. 
Si no quieres, vale. Pero siempre se puede salir. Siempre se puede seguir. Siempre puedes darle una nueva vuelta.


Y todo esto, como siempre en el mundo de la docencia, tiene mucho peso de la profe. Ay, cómo es Cris. Me encanta de ella que no siempre tenga la sonrisa en la boca. Me gusta la gente auténtica, la gente de verdad, y la gente de verdad no siempre tiene un día maravilloso.
Cómo nos cuida, cómo nos quiere, cómo sabe, no sé cómo, lo que necesitamos cada día. Al corregirte lo hace con dulzura, como haciéndote sentir que los errores son parte de los aprendizajes. Al reforzarte lo hace con firmeza, felicitándote por lo que consigues. Y nos fuerza a sonreírnos. Cuando estás al borde de la muerte y te sonríes, te das cuenta de lo absurdo que es el vaso de agua en el que a veces nos ahogamos.


Y sobre todo, sobre todo, me encanta cuando me arropa durante la relajación (que hacemos después de los ejercicios para recuperar) y me da un beso en la frente después de apagar la luz. Me recuerda a mi madre cuando me acostaba en la cama de pequeña y se quedaba conmigo hasta que me dormía. Ese momento en el que sientes que nada malo puede pasar, en el que disfrutas de verdad de ser.


Estoy eternamente agradecida al profesor gurú que se aparecía, a la profesora rubia que me gritó por entrar con zapatos, a la sauna donde mi hidratación peligró considerablemente, a los monitores de gimnasio que me hicieron renegar y a todas las personas que me hicieron pensar que, como tantas otras veces, no estaba en lo cierto y que me llevaron hasta Cris. 


Porque sólo equivocándote puedes acertar. 

Porque sólo sintiendo que no puedes más puedes darte cuenta de que sigues viva.